martes, 3 de abril de 2012

Cuatro conceptos para la educación humanista de los adolescentes.

Resumen
Siendo los adolescentes los seres humanos más vulnerables, susceptibles y muchas veces incomprendidos por los adultos, requieren para su formación educativa de estrategias concretas e innovadoras que admitan la debida orientación e integración de conceptos, habilidades, destrezas y conocimientos que los docentes debemos utilizar en la causa educativa, además de saberlos escuchar y predicar con el ejemplo. Sin duda el aprendizaje de la vida durante la adolescencia, requiere de importantes herramientas, habilidades y destrezas, que no se adquirirán de una manera escueta, sino a través de un complejo proceso en donde los docentes y padres de familia juegan un papel preponderante.  En el presente documento se exponen y justifican la utilización e incorporación de cuatro conceptos  que permitirán la reflexión sobre el verdadero quehacer docente, es decir el que nos acerca a nuestros jóvenes más allá de la cátedra ordinaria,  aprender a ser efectivos, ser vivientes, ser sociables y ser éticos permitirán ampliar el horizonte de vida y  una transición viable  y segura hacia la adultez mediante una educación humanista.
Palabras clave:
 Adolescencia, educación humanista, aprender a ser.
                       La adolescencia es quizás la más bella etapa de la vida del ser humano, donde se sueña despierto, donde se viven con increíble intensidad las emociones pero también donde los cambios biológicos y psicológicos que la  caracterizan  no solamente abruman,  también perturban y desconciertan los principales procesos cognitivos, Horrocks (2001) describe al adolescente como “una persona emocional, sumamente voluble y egocéntrica, que tiene poco contacto con la realidad y es incapaz de la autocrítica, también le ha llamado conservador, estereotipado, inestable, perfeccionista y sensible” (p.21),  mientras que  para Tessier, G.( 2004) la adolescencia  “comprendida  entre los doce  y veinte años, representa un periodo que lejos de ser tranquilo es un tiempo de enfrentamiento con los otros y la conquista de sí mismo” (p. 123), tal vez, la indiferencia y el desamor constituyan el principal impedimento para  que muchos adolescentes abandonen no solo las aulas, sino también sus hogares para ingresar a las filas de la delincuencia, que en la actualidad lancera todas las estructuras sociales de México.
                       Un indicador de la calidad de la educación en el nivel medio superior (NMS) es la eficiencia terminal, en promedio a nivel nacional es  del 55% (Subsecretaría de Educación Media Superior, SEMS.  2005),  lo que indica que 45 de cada 100 estudiantes que inician sus estudios de bachillerato no lo concluyan.                En la actualidad existen 2.8 millones de alumnos en el NMS,  para el año 2015 sumarán en México 6 millones 303 mil la mayoría adolescentes con base en el año 2006 (Consejo Nacional de Población,  CONAPO. 2010), esta estadística refleja además de dificultades económicas y sociales del país una problemática muy particular que subyace posiblemente en la incomprensión de los adolescentes.
Los conceptos que tienen los adultos sobre las actitudes y los ideales de los adolescentes, o sobre lo que estos deberían ser, son importantes para el joven, ya que este debe vivir con ellos cotidianamente. Tales conceptos se encuentran en sus padres, en sus maestros, en sus guías espirituales y en otros adultos (Horrocks,  2001, p.236).
                       La escuela tiene especial significancia para la mayoría de adolescentes, porque ahí se encuentran las personas en quienes muchas veces pueden confiar  para mitigar sus problemas personales, para motivarse, para divertirse y para compartir diversos aspectos de su propia  edad, ahí están sus amigos, pero también sus maestros y maestras, Díaz-Barriga (2006) opina que “en el plano pedagógico motivación significa proporcionar o fomentar motivos, es decir, estimular la voluntad de aprender” (p.69).
                       Sin duda, muchos docentes se identifican y comprenden a sus estudiantes, sin embargo no siempre pueden atender debidamente las inquietudes de los adolescentes y con frecuencia se deja esta responsabilidad para el orientador educativo o el psicopedagogo del plantel, es necesario reiterar que parte de la responsabilidad del docente en el NMS es la de proporcionar a sus educandos la orientación y la información  suficiente y necesaria para disipar sus dudas, o en caso necesario canalizarlos a instancias especializadas, empero ¿hacia donde debemos alinear las inquietudes, las energías y aún los sueños de los adolescentes?
                               La educación es un proceso autónomo, pero depende para orientarse y existir de una visión de ser humano que sea propuesta para operativizarse y la visión de ser humano ideal es autónoma del proceso educativo, pero depende también de éste para encarnarse y hacerse realidad humana concreta. (López-Calva, M. 2009, p.229).  
                       Sin perder de vista la objetividad y la formalidad de los procesos de enseñanza y de aprendizaje, así como los contenidos expresos en los planes y programas de estudio, el profesorado deberá orientar la educación hacia una visión humanista más formal, más concreta  y más fehaciente en todas sus manifestaciones predicando siempre con el ejemplo, Díaz-Barriga (2006) considera que una de las principales  competencias docentes es el “despliegue de valores y actitudes que fomenten el aprendizaje y las relaciones humanas genuinas” (p.4), lo que constituye una de las prioridades en el proceso de enseñanza, para garantizar un pleno aprendizaje en sus distintas dimensiones y manifestaciones, pero más aún una especial contribución a su formación como ser humano responsable.
                       Según Enríquez, (2011) “los docentes debemos considerar a nuestros estudiantes, no solo como alguien que adquiere conocimientos, sino como un ser integral que pone en práctica sus saberes en la vida cotidiana y desarrolla actitudes y destrezas” (p.56), por lo que es preciso también, insistir en la importancia de aprender a escuchar sus inquietudes, opiniones  y sentires sobre determinados procesos y aspectos de su vida, es necesario ser empáticos con ellos y ellas, y darles la importancia que merecen,  el no saber escuchar puede constituir un obstáculo de origen cognitivo, con respecto a la diferencia de ritmo entre escuchar y pensar, del que debemos como docentes de estar conscientes, “cuando el ritmo de una intervención es lento, el oyente puede intercalar pensamientos que lo distraigan, cuando el ritmo del discurso es demasiado rápido el oyente puede perder el hilo lógico por el cansancio que le provoca la atención alta” (Sanz, G. 2005, p.152).
                       En ciertos casos las actitudes de los adolescentes parecen contradictorias, incluso muestran cierta hostilidad  y hasta llegan a convertirse en rebeldes cotidianos, así mismo suelen con frecuencia ignorar nuestros consejos que como adultos y particularmente como docentes pretendemos hacerles llegar, estas actitudes  podemos considerarlas típicas y propias de la edad, y se debe según Erickson, E. ( 2004) a las “dificultades del adolescente para ubicar con exactitud la naturaleza y posición de lo psico y social” (p. 67),  también Horrocks (2001) justifica estas actitudes al considerar que “se trata de una reacción debida a las condiciones del crecimiento, y a las incógnitas y sentimientos que el adolescente tiene respecto a su incipiente estado adulto” (p.66)  por lo que no es de extrañar la hostilidad que prevalece en muchos jóvenes.
                          En algunos casos el mundo de los adultos se encuentra muy alejado del planeta de los adolescentes, esto se debe, a que son diferentes los intereses dominantes en dichas etapas de la vida, inclusive dichos intereses varían en hombres y mujeres,  Horrocks (2001) explica que “normalmente la adolescencia es un periodo de esperanzas e ideales, de anhelos que, a menudo, están divorciados de la realidad; existe apasionamiento por asuntos que las personas mayores consideran de poca importancia” (p.27), sin embargo el compromiso adquirido como docente implica también guiar a nuestros alumnos por el camino de la vida.
 Vivir requiere así de una metodología y de un aprendizaje. Recibimos la vida; pero no recibimos su manual de instrucciones. La primera tarea de todo ser humano debe ser el aprendizaje de la vida. No es humano caminar por el mundo a tientas, improvisando, por ensayo y error, con evitables sufrimientos y frustraciones. Vivir satisfactoriamente es una obra de ciencia y de arte, algo que no se improvisa, que se pueda lograr sin reflexión.  (Suárez, D, 1992, p.11).
                       Para las escuelas públicas del NMS, la reforma integral de la educación media superior (RIEMS)  ha establecido de manera obligatoria un programa nacional de tutorías que contempla orientación y apoyo no solo en la trayectoria académica sino en el horizonte de vida de los estudiantes, y es precisamente en este espacio en donde los docentes implementaremos las estrategias necesarias para fortalecer la arista humanista del poliedro del pensamiento humano.
En la medida que una persona o grupo vayan siendo impulsados, invitados, promovidos para partir del mundo de lo conocido actualizar, explicitar su docta ignorancia, hacer preguntas que vayan hacia lo que sabe que no sabe, explorar campos que son inseguros, inciertos, retadores, moverse más allá de lo establecido, en esa medida su horizonte se va haciendo más amplio porque crecerá el mundo de lo conocido y sin duda va a crecer también el mundo de lo conocido-desconocido. (López-Calva, M,  2009, p.111).
                       Es importante resaltar que en el proceso de enseñanza también el docente se convierte en objeto y sujeto de aprendizaje, porque al interaccionar con sus alumnos, el entorno y en general con el propio proceso, confronta   en su estrategia el conocimiento en sí, pero también la experiencia en general y el bagaje de conocimientos previos que los alumnos vierten en la causa educativa, en este contexto se desarrolla una de las más importantes actividades y compromiso de la educación: lo humanizante
 Lo humanizante es lo que construye mejor  humanidad, lo que aporta elementos para la vida, lo que conduce hacia la felicidad profunda, lo que proporciona satisfacción y paz interior, lo que construye lazos de unión entre la persona y la naturaleza, entre la persona y otras personas, entre la persona y su propia persona y aquello que la trasciende. (López-Calva, M, 2009, p. 120).
El proceso de humanización con los adolescentes debe considerarse más que una obligación o una función impuesta para el docente actual, una actividad inherente a su responsabilidad como adulto, un quehacer ligado a su naturaleza cómo competente y experto facilitador del conocimiento, que debe realizar con profundo agrado y satisfacción y como una oportunidad que le da la vida de aprender de sí mismo y de quienes hoy lo rodean.
Otorgar un espacio y un tiempo de meditación a los adolescentes no es una tarea que comúnmente realicen las escuelas u otras instituciones educativas. Sin embargo, al negarles este espacio, muchas veces los estamos privando de una oportunidad única de aprendizaje: nada más y nada menos que la posibilidad de tomar consciencia de la propia mismidad y de su valor único, irrepetible e insustituible. (Vernieri, M, 2006, p. 6).
                       Se plantean cuatro conceptos para coadyuvar en la educación de nuestros adolescentes, ubicarse en la realidad y orientar en un sentido humanizante sus pensamientos, ideologías y energías, conceptos que pueden ser aplicados, discutidos y considerados en momentos indistintos del proceso de enseñanza y de aprendizaje, y que de ser posible pueden ser reforzados en el seno de sus familias, mediante la participación de los padres y madres, en programas institucionales que la escuela maneja, estos conceptos son: ser efectivo , ser viviente, ser sociable y ser ético, que constituyen las caras del tetraedro de la educación humanizante para el adolescente, porque encierran en su conjunto a una serie de valores fundamentales para la vida, para el reencuentro con uno mismo, para facilitar la introspección del adolescente, favorecer la integración de su personalidad  y desde luego hacerlo partícipe del desarrollo e integración  de una sociedad más justa e igualitaria.
                       Ser efectivo: Se relaciona directamente con el hecho de ser existente, somos parte indisoluble de una naturaleza integral en dónde todo está relacionado, Vernieri (2009) piensa que “la vida no es un fenómeno aislado, sino parte de una experiencia global que constantemente ejerce y recibe la influencia de cada momento” (p. 25), jugamos un papel muy importante en esa esfera existencial, desde el cuidado de sí mismos como sujetos, personas y organismos hasta el cuidado de todo lo que nos rodea viviente e inanimado.  “Los seres humanos estamos profunda y estructuralmente arraigados al cosmos, somos sistemas de sistemas, polimáquinas vivas, generadores de la megamáquina social” (López-Calva, M, 2009, p. 244).
                       Para los adolescentes ser efectivo implica  estar despierto, vivo, activo, despejado y dinámico, no solo para percibir la realidad sino para ser partícipes de sus cambios y transformaciones, implica también un sentimiento de identidad para hacer propias  las percepciones y cambios generados desde el interior del ser, ya que  “un sentimiento de identidad óptimo se vive cómo una impresión de bienestar, y sus manifestaciones de sentirse bien en su cuerpo, saber hacia dónde se va y la certeza interior de ser reconocido por los que cuentan” (Tessier, G, 2004, p. 123).
                       El fortalecimiento interior de los adolescentes tiene especial significancia en su transición hacia la etapa adulta, contribuir al mejoramiento de la autoestima que de acuerdo con Vernieri (2009) “es la percepción valorativa que se tiene de sí mismo” (p. 47) representa una prioridad en el contexto pedagógico, debido a que la adolescencia es una etapa de gran vulnerabilidad y de susceptibilidad, en donde las debilidades y las tentaciones pueden situar indebidamente sus necesidades e inquietudes, por ello resalta la importancia de que las instituciones educativas del NMS brinden a sus alumnos las herramientas necesarias para que cada uno  se descubra a sí mismo y reconozca su misión.
                       Ser viviente: La vida constituye el milagro único que origina las acciones universales, en base a esto debemos promover el respeto por la vida en todas sus manifestaciones mediante los valores y las acciones adecuadas en el contexto educativo. “La vida surge en el momento en que un nuevo modo de organización se construye, se consolida y es capaz de auto-reproducirse” como bien afirma López-Calva, M. (2009, p. 244)
                       Existen diversos fenómenos en el que nuestros adolescentes pueden involucrarse, y es frecuente verlos expuestos a la angustia, el bajo rendimiento escolar, enfermedades psicosomáticas, inseguridad, mal uso de drogas o alcohol, miedos y procesos depresivos, no obstante, el atentar contra su propia vida representa una de las peores experiencias como docentes o como padres de familia, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de un millón de personas, es decir cerca de 1.8 % del total de fallecimientos en el mundo son suicidios y que este es la segunda causa de muerte a nivel mundial en jóvenes entre 15 y 24 años de edad. Según datos del Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE) en torno al suicidio adolescente y juvenil en nuestro país, este es la tercera causa de muerte, y los acontecimientos que dan pié al intento suicida son el bajo rendimiento escolar, la muerte de un ser querido y el haber sido víctima de una violación o violencia sexual, también se afirma que hay 3 millones 321 mil jóvenes que manifestaron por lo menos haber tenido alguna ideación suicida.
                       Ser sociable: Implica promover actividades que fortalezcan la inteligencia emocional, la cual según Sanz, G. (2005) “es la capacidad que nos permite entender a los demás e interactuar con ellos. Sirve para disfrutar de las amistades y de las relaciones familiares, para trabajar en equipo y solucionar con eficacia los conflictos interpersonales” (p.13), a pesar de que esta forma de inteligencia se desarrolla desde la infancia con dinámicas  grupales ex profeso en las instituciones de educación básica y en el seno familiar, es en la adolescencia en donde se hace urgente la necesidad de ser parte de un grupo, dentro de los que “podemos distinguir a los tándems (dos miembros del mismo sexo), las pandillas (pequeños grupos mixtos de tres o más miembros) y las bandas (grupos amplios que agrupan pandillas)” (Tessier, G, 2004, p. 84)
                       Horrocks (2001) asume que  la adolescencia es “una época de interés urgente por las personas…en la que se buscan un papel social apropiado y relaciones sociales satisfactorias, en que el ajuste personal, presente y futuro, se relaciona estrechamente con el éxito social que el individuo desea” (p.400), no obstante de la mala influencia de algunos medios masivos de comunicación para formar imágenes equivocadas del concepto de autoformación de las personas, los docentes debemos enfocar nuestros recursos para la concepción y construcción de una sociedad incluyente, que promueva acciones y oportunidades para el acceso a una vida digna con respeto a la naturaleza y a la diversidad humana, preocupa que “nuestros sistemas educativos en el mundo están cada vez más concentrados en brindar una educación altamente competitiva, que fomenta competencia entre los educandos y no la colaboración, que se realiza con la visión individualista” (López-Calva, M, 2009, p. 206).
                       Ser ético: Diversos fenómenos promueven la descomposición  de la sociedad en general, muchos de ellos derivan sus raíces en la falta de ética de los ciudadanos, particularmente cuando no existe un cabal desarrollo escolar durante su formación básica, en las escuelas públicas del  NMS ha existido por muchas generaciones cierta polémica en torno a la concepción, aplicación y proyección de este fundamental concepto, Morin, E. (1999) elabora una propuesta muy coherente respecto al ser ético: “Una antropo-ética debe considerarse como una ética del bucle de los tres términos individuo<->sociedad<->especie, esta conlleva la esperanza de lograr la humanidad como conciencia y ciudadanía planetaria, comprende una aspiración y una voluntad pero también una apuesta a lo incierto.” (p.55). 
                       A pesar de que el ser ético constituye parte importante e imprescindible en la estructura del ser humano, constantemente fluyen diversas ideas que contrastan  su concepto, ya que existen hechos que para una parte de la sociedad resulta ético y para otra no, lo mismo sucede con relación al tiempo hechos y actitudes que fueron validos en una época en otra no los son, sin embargo López-Calva, M. siguiendo la propuesta de Morin, E.  clarifica esta falacia al proponer cuatro deberes fundamentales que son:
a)       Deber antropocéntrico. Somos seres humanos y debemos hacer lo que beneficia a la especie humana, es no ético lo  que la destruye  (Antropoética).
b)       Deber sociocéntrico. Es el deber que experimenta todo ser humano, de hacer todo aquello para que la sociedad viva como humanamente se deba vivir y generar condiciones para vivir (Socioética).
c)       Deber genocéntrico. Lo constituye el deber con nuestra familia y las demás personas que nos rodean y que los hagan vivir bien (Autoética).
d)       Deber egocéntrico. Yo debo decidir sobre mi deber, tratar de elegir cosas para mantenerme vivo en todos los aspectos, es ético todo lo que me construye como ser humano.
                       Finalmente podemos ratificar que la propuesta de incluir en nuestras estrategias docentes los cuatro conceptos esenciales para la educación humanista de los adolescentes, tiene como firme intención sensibilizar el cerebro y el corazón en la etapa justa para ello,  que es la adolescencia; simplemente cerremos los ojos y traslademos nuestros pensamientos a esa época, sean cual fueren las remembranzas, hay algo que sobresale y aún perdura… el recuerdo de “alguien” que nos orientó y ayudó en los momentos de incertidumbre y dificultad, y que oriento nuestras vidas. Como docentes, padres de familia o como amigos y con base al ejemplo y al saber escucharles tenemos más que la obligación, la oportunidad de convertirnos en ese “alguien” para todos los adolescentes que nos rodean, enseñémosles  a vivir, revelemos así toda nuestra experiencia y conocimiento no para evitar fatigas pero si para impedir tropiezos fatales.
Bibliografía:
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